El Business Techno importa: Cómo los que tienen más sacrifican menos

ECO es una plataforma colombiana creada con el fin de pensar las estructuras de los ecosistemas electrónicos latinoamericanos. Un espacio colectivo para debatir y pensar en otros futuros posibles. Las reflexiones de Frankie sobre el complejo industrial  -estructuralmente racista y excluyente- y cómo este ha respondido a la crisis que navegamos, son importantes para situar las reflexiones que hemos propuesto desde nuestra plataforma en un circuito global. 

Con esta traducción queremos reproducir el artículo en América Latina y amplificar  las reflexiones que propone sobre la politización de los espacios de fiesta en varios sentidos: primero, en la responsabilidad activa que los diversos agentes tenemos dentro de los ecosistemas, segundo, en cómo la profunda crisis a la que nos enfrentamos es producto no solo de la pandemia sino también de las desigualdades raciales, de clase y de género. Y por último, en cómo las acciones de poca empatía y egoísmo en nuestros contextos empeoran aún más las situaciones de violencia y exclusión. 

Lo importante ahora no es solo la música, ni un retorno apresurado al pasado, ni bailar hasta que todo esto pase. Lo importante es poner atención al presente profundamente complicado al que nos enfrentamos y amplificar un llamado urgente al trabajo colectivo y horizontal para lograr tener y crear soluciones más sólidas en las escenas del Sur.

El Business Techno importa: Cómo los que tienen más sacrifican menos

“¡Es hora de que recuperemos la vida nocturna!” me dijo un promotor de Brooklyn invitándome a un rave. Como si recuperar la noche en este momento dependiera de nosotros. La guerra racial y la pandemia han iluminado una realidad deprimente: la seguridad de los seres humanos en el club no es, y nunca ha sido la prioridad para aquellos promotores con la mayor cantidad de recursos. Es claro que su trabajo es impulsado principalmente por el dinero y las “buenas vibras”.

Es importante distinguir entre los pocos raves clandestinos que han tenido lugar en Nueva York durante el COVID-19 y el complejo industrial del Business Techno. Los primeros, aunque equivocados y peligrosos, no han sido rentables en la dimensión en la que podemos asumir que han sido los eventos europeos. Juzgando por el nivel de producción,  los djs que han participado (algunos de los mejor pagados en el mundo) y el tamaño. 

Ahora, ningún evento sin medidas de protección es válido; No hay justificación suficiente para que ninguno de estos eventos ocurra cuando sólo contamos con información médica limitada y volátil. Pero no podemos examinar esta industria (o cualquier industria) sin mirar dónde se concentra la mayor parte del poder y el dinero y cómo aquellos que están en posición de hacer los mayores sacrificios se comportan ante una crisis. En la escena europea, la gente está intentando “regresar” más rápido a la normalidad que en cualquier otro lugar del nuevo universo COVID. Los videos que circulan en internet demuestran cero interés en el distanciamiento social, cero responsabilidad y cero compromiso con los problemas actuales de apropiación y mercantilización de la música negra. Hemos sido testigos de que la comunidad business techno fundamentalmente pretende que la opresión y el racismo no existen.

Las clásicas banalidades como “se trata de la música” y el atemporal “solo vibraciones positivas” únicamente se ven usadas como respuesta a críticas, demostrando su ligereza y falta de significado profundo. Se utilizan como protección y desvío de la cruda realidad: el techno empresarial es simplemente un tentáculo más de la supremacía blanca y el capitalismo. Y a pesar de que le encanta fingir lo contrario, no se opone a él. 

Muchos djs y promotores publicaron estremecedores cuadrados negros en “solidaridad” con el movimiento anti-racista. Los negros predijeron lo vacío que sería el gesto incluso antes de que sucediera el tal #blackouttuesday, también predijeron cómo un gesto tan facilista podría estorbar en los medios de comunicación utilizados para la organización del movimiento real, tenían razón, ambas cosas sucedieron. Critique a un DJ reconocido por algo que publicó en sus redes y que yo consideré racista, fui objeto de represalias por parte de sus fanáticos, me decían cosas como “Déjala en paz, ella ya publicó sobre Black Lives Matter”. Por supuesto, se referían al cuadrado negro. Únicamente al cuadrado negro. Las represalias nunca incluyeron otros ejemplos concretos de un trabajo antirracista. La lucha política negra se convirtió en otra mercancía más dentro de una cultura que ya se basa completamente en la mercantilización de la música negra.

Cuando mi agencia de booking pidió ayuda financiera para nuestros Djs que se enfrentaban a dificultades económicas graves debido al desempleo causado por el COVID-19 fuimos recibidas con abusos y burlas, sobre todo por parte de la escena europea.  Unos meses después un club en europa recaudó más de 180 mil Euros para salvar un edificio (también con problemas económicos debido al COVID-19). En ese momento el mensaje no pudo ser más claro: la vida humana vale menos que el cemento. Notre Dame en llamas recaudó la asombrosa cifra de mil millones de dólares en un mundo donde la gran mayoría no tiene un dólar para comer. La desiguldad entre el valor que se le da a un edificio en dificultades y el valor que se le da a un ser humano en dificultades -especialmente si dicho humano es un artista, negro, POC, queer o trans- es absolutamente aterradora.

Nadie quiere criticar a las personas más ricas de nuestra escena. Obviamente, la mayoría de estos son personas blancas. Los que más se han beneficiado de la explotación musical negra y los que se han sacrificado menos durante esta crisis. Recientemente, tuitié sobre una de las DJ más ricas del techno que hizo público su regreso al booth después de cinco meses. Pregunté directamente por qué; dados sus fees exorbitantes y su gigantesca masa de seguidores; no esperar 5 meses más. Por el bien y la seguridad de los clubs y su público.   Si bien hubo cierto apoyo, también hubo un desconcertante rechazo de quienes salieron a  defenderla. A Defender a los más ricos y privilegiados. Si no se puede criticar a los más ricos durante una pandemia que afecta y mata de manera desproporcionada a los más pobres mientras vivimos bajo el capitalismo, ¿entonces cuándo se puede criticar?

pastedGraphic.png

He visto a muchos djs de Francia, Italia y Nueva York (todos espacios críticos del virus) tocando en grandes fiestas legales e ilegales y no lo aprobaré hasta que sea seguro, pero solo he visto una masiva cantidad de odio hacia Amelie y la gente señalando que ella es rica y gana en grandes cantidades…

“¿Estás atacando a esta persona solo porque es rica?” Pues… sí. ¿Acaso no es razón suficiente para criticar a alguien en un mundo donde abunda la desigualdad de riqueza y la explotación? También están los que dicen “pero era legal” como si la legalidad hubiera sido alguna vez una brújula moral o ética confiable, especialmente en un contexto que exige desfinanciar a la policía y abolir las cárceles.

pastedGraphic_1.png

No entiendo, ¿la fiesta en la que ella tocó era ilegal? Si eso es así es totalmente ridículo, si no ¿por qué molestarla? ¿porque tiene dinero? Aquí en Berlín el COVID nunca se convirtió en un gran problema y los pequeños bares y eventos al aire libre están OK. 

O tienes el siempre ignorante “¿en qué se diferencia de una protesta?” Te explico en qué se diferencian: uno es esencial y el otro no. Uno está luchando explícitamente contra un sistema racista capitalista durante una pandemia que mata de manera desproporcionada a personas negras y morenas y el otro no. O dicen con crueldad: “Bueno, pues solo ha habido como doscientas muertes en nuestra ciudad”. ¿Desde cuándo doscientas personas muertas son un número insignificante?! Aparentemente frente a las ganancias monetarias y el hedonismo, son insignificantes, ¡así que mejor bailemos hasta que esto pase!?

pastedGraphic_2.png

No vi a nadie quejarse cuando los hijos de puta de BLM (Black Live Matter) estaban por montones en las calles sin máscaras, etc…doble moral en su máxima expresión

Aunque se ha despertado el retardado y necesario movimiento para darle a los negros no solo el crédito sino el lugar que se merecen dentro del techno, la versión desteñida y comerzialiada sigue siendo la norma.  La manifestación criminal de cuán raramente se contrata, paga y representa a los artistas negros en relación con sus pares blancos requiere justicia y reparación. Una ola de negros (y algunos aliados) han presentado experiencias y recursos gratuitos en un esfuerzo por hacer que la escena sea inclusiva y alentar el compromiso con el antirracismo para apoyar a los más vulnerables dentro de la escena. Ser testigo de grandes raves en Europa perseverar sin distanciamiento social, pocas máscaras y sin más de un par de artistas negros a la vista, plantea la pregunta:

¿Cuánto se puede hacer para realmente despertar empatía en los demás? 

¿Qué podemos hacer para obtener algún tipo de resultado, un efecto realmente  profundo que salve vidas y cultive una escena antirracista?